UN MARXISTA EN/CONTRA MERCADONA
- Paco

- 6 sept 2024
- 3 Min. de lectura

La cadena de supermercados del Sr. Roig bien merece un estudio en profundidad y no me refiero a lo que yo pueda decir en estas líneas. Eso es irrelevante. Aquí quien tiene algo que decir y, sobre todo, hacer es el Ministerio de Trabajo (por decir solo uno).
Lo que realmente me ha llevado a publicar esta primera entrada es el fenómeno del MercaTinder. Que no se me malinterprete. A mí me parece der caraho que los xavale' camelen (como decía aquel). El ocio es revolucionario. Eso es así. Pero, por eso mismo, quienes allí intercambian fuerza de trabajo (en lugar de números de teléfono) y regalan su plusvalía al empresario son los que, aun teniendo todo el derecho del mundo, se les priva de ello con jornadas abusivas y unas condiciones que rozan lo inhumano.
Hemos pasado de criticar la subida de precios de sus productos más básicos y que se aprovecharan de la reducción del IVA a lavar su imagen de la forma más dantesca. Ya no es solo que dicha crítica haya caído en el olvido, sino que Mercadona está gozando de una de las mayores campañas publicitarias que se recuerdan... ¡Completamente gratis!
El otro día me dio por pensar cómo sería una visita de Gramsci a este supermercado. Seguramente lo primero que se le vendría a la cabeza sería la evidente división del trabajo tan presente en cualquier análisis económico marxista. Al poco rato, después de haber sorteado a un par de xavale' que habían pegado un topetaso' con sus carros (piña en mano) donde las empanadas de frango e cogumelos, repararía en la cantidad de gente que trabaja allí. Todxs ellxs con unas experiencias comunes. Como también lo son sus necesidades, pues están atravesadxs por unas condiciones materiales de vida que afectan por igual al frutero, la pescadera, al muchacho que está en la caja porque no le han dado beca este año y a lxs muchachxs del almacén que tienen el lomo baldao'. Seguramente se acordaría de aquellos consejos de fábrica de Turín que conseguían movilizar a las masas obreras en unas condiciones que, en lo que a mecánica se refiere, no distan mucho de las de un Mercadona. Probablemente las relaciones laborales hayan cambiado (gracias a la lucha), pero las estructuras de dominación siguen intactas. Es más, no me la juego al decir que se han reforzado con el paso del tiempo. Más aún si les hacemos campañas de publicidad como esta que no hacen más que blanquear su imagen.
Bueno, sigamos con el joven sardo que habíamos dejado echándole un ojo a los filipinos de chocolate blanco... Se había quedado embobao' con la perfección de la circunferencia como si de una experiencia mística se tratase. Comprendió que la mejor manera de cerrar el círculo de todas esas fuerzas productivas de lxs empleadxs era aunando sus fuerzas. ¿Cómo? Empezando por darse cuenta de quiénes son. Son quienes abren y cierran todos los días ese establecimiento. Aquí, en Córdoba, Bilbao o Bollullos Par del Condado. Más tarde lo recogerían los marxistas británicos (unos fenómenos), pero Gramsci ya apuntó en su día (y en su visita al Mercadona unió la teoría con la praxis revolucionaria) que a través de las experiencias comunes surge la conciencia de pertenencia a un mismo grupo; a una misma clase. En el día a día sus necesidades y exigencias se manifiestan con crudeza y es en ese proceso en el que el frutero, la pescadera y el muchacho de la (no) beca se reconocen lxs unxs a lxs otros como lo que son: trabajadores de una misma clase -obrera- con un mismo deseo: el de cobrar en función de su trabajo sin que el Sr. Roig le robe, plusvalía mediante, la riqueza que ellxs mismxs han generado con su esfuerzo mientras el presidente de la empresa se dedica a decir que "a los pobres les gusta comprar barato" (2020). Porque claro, eso es lo que eres a los ojos del Sr. Roig: un pobre que va a comprar a su mercado mientras le haces publicidad. Dantesco.
A todo esto, nuestro protagonista ya se ha ido del establecimiento. Los dolores de espalda que le persiguen desde los 5 años no le permiten estar mucho rato esquivando xavalería' que va desbocá por los pasillos buscando un match. Eso sí, debajo de la gabardina se ha llevado los filipinos que tanto le gustaron. Y tu chitón, si ves a Gramsci robando en el Mercadona ni mihita', que mañana podrías ser tú.
Antonio se fue der' tirong' para Marinaleda, que le pillaba cerca. Allí conoció a los camaradas Sánchez Gordillo y Diego Cañamero; que de visitas al Mercadona saben algo... A ver cuándo hacemos una quedada como la de esta gente para ir al súper.
¡Exprópiese!
-Paco-



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