FÚTBOL Y CULTURA DE MASAS EN CÓRDOBA
- Paco

- 8 sept 2024
- 4 Min. de lectura

Sábado 7 de septiembre de 2024. Jornada 4 y nos jugamos la vida como quien dice después de un arranque de temporada nada halagüeño. ¿Cómo es esto posible?
El deporte mueve pasiones y en eso, el fútbol, es el rey. En días como los de ayer, a pesar de un 0-0 de manual que vivimos en el campo, se da uno cuenta de la trascendencia que tiene esta afición que, en ocasiones, roza lo religioso/litúrgico. Honestamente, creo que no tendría ni la mitad de éxito sin esto último. El día de partido no empieza con el pitido del árbitro; ni siquiera el mismo día en sí. Empieza justo cuando finaliza el anterior. Ya estás pensando en lo que viene. Más aún si haces un ridículo espantoso contra el Elche... Estás deseando quitarte ese mal sabor de boca.
Durante la semana vas comentando las jugadas con tus colegas, lo que se hizo mal, lo poquito salvable (porque a algo nos tendremos que aferrar), te dan tus arrebatos de entrenador elucubrando posibles onces porque, de repente, todos somos unos Pep Guardiolas de la vida (yo el primero).
Se va acercando el finde (cosa rara para el Córdoba en estas primeras jornadas) y te visita todo un Málaga. Club hermano e invicto que nos acompañó de la mano en el ascenso a Segunda División (Liga Hipertensión para lxs sufridorxs) la pasada temporada. Sabes que va a ser un día grande porque el ambiente que recubre a este tipo de partidos es especial. Se cierne un aura mística sobre el encuentro que roza lo religioso. Y aquí es donde yo quería llegar: a lo religioso-litúrgico que hace del fútbol una auténtica cultura de masas. Renegaré de hacer cualquier mención a los medios de comunicación que hablan, en mayor o menor medida, del partido pues, seamos honestos, los Gol TV y Deportes Cuatro de la vida no alcanzan a comprender la magnitud de este tipo de partidos como para dedicarles el espacio que se merecen. Será mejor dejarlos con sus Mbappés y loas a mafiosos de la construcción y, casualidades de la vida, medios de comunicación...
El ritual litúrgico del día de partido se acentúa si este se juega de noche. ¿Por qué? Muy sencillo: algo habrá que llevarse al buche en el descanso, ¿no? Pues eso, antes de salir de casa te preparas tu bocadillo y así, de paso, te evitas la puñalá de los precios en el estadio. Lo de 2€ por una botellita de agua que se acaban a la na' de empezar el partido tiene tela... Eso sí que es un robo y no un penalti no pitado en el 90'.
Sigamos. Para los que vivimos lejos del estadio, el ritual, necesariamente, tiene que empezar antes. Uno se acicala, se pone sus mejores galas (camiseta del PRYCA) y sale de casa, bocadillo y bufanda en mano a recoger a su colega por aquello de compartir coche. Una vez aparcas lo suficientemente apartado como para evitar la pelotera de tráfico post-partido, vas andando hasta el lugar de encuentro con gente que, a priori, no conoces pero que, al instante, conectas como si fuesen amigxs de toda la vida. Porque de eso se trata. La pertenencia a grupo, como si de una comunidad religiosa se tratase, es la base de todo y el fútbol lo eleva a su máxima potencia.
Las cervezas, cacharros y demás brebajes van y vienen al son de los cánticos que todxs nos conocemos. Aquí es donde unx se da cuenta de que, como decía al principio, el partido en sí es solo el último vértice del complejo poliedro futbolístico. En estas charlas entre (des)conocidxs salen a la luz todas las historias y narrativas alrededor del club. Muchas de ellas por todxs conocidas. Siempre se cuentan de distinta manera, pero con la misma o mayor ilusión, que es lo importante. Esas historias en las que, en muchas ocasiones, se presentan personajes "buenos" y "malos" que tan bien funcionan en cualquier evento deportivo.
A Gramsci se le atribuye una frase (¿de verdad pensabas que no iba a salir?) que nunca dijo. Hablo de Galeano y su "cita" gramsciana que rezaba lo siguiente:
El fútbol es el reino de la lealtad humana ejercida al aire libre.
Galeano se lo inventa por la cara... El filósofo sardo jamás dijo algo así, por muy bonito que parezca o podamos estar de acuerdo. Seguramente sacaría esas conclusiones del artículo El fútbol y el juego de la escoba de 1918 en el diario Avanti! En él elogiaba el juego colectivo de los equipos sobre el individualismo imperante en la sociedad capitalista. Veía al fútbol como un ejemplo de modernidad frente a los juegos de azar que seguían tan presentes en la vida cotidiana italiana. También aprovechó para adelantarse a su tiempo en esta materia. Advirtió del peligro que corría este deporte si se dejaba seducir por los principios y valores egoístas del capitalismo. No se equivocó... Comparaba el sano ejercicio al aire libre y reglado (árbitro) con el lúgubre y tenso ambiente de las oscuras tascas italianas en las que se jugaba a la escoba (cartas) sin una ley que lo regule más allá de la del más fuerte.
Volvemos a la orilla del Guadalquivir. Te despides de parte de los colegas que deciden demorar una mihilla más la hora de partida deseando suerte. De camino al estadio rezas para que no haya una cola en la entrada que te impida cantar el himno. También clamas al cielo para que el asiento no esté repleto de cagadas de palomas que llevan allí desde que se fundó el mismísimo estadio. Entras, te sientas y te pones a revisar los folletos de las jornadas de la liga que te han dado por el camino con más publicidad que información como cada año. Estás de vuelta y sabes que queda toda una temporada por delante que no será nada fácil.
Finalmente suena el himno y te acuerdas de los que ya no están, pero están.
-Paco-



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