top of page
Buscar

CRÍTICA MARXISTA AL MOVIMIENTO HIPSTER

  • Foto del escritor: Paco
    Paco
  • 26 nov 2024
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 23 ago 2025

Un fantasma recorre la urbe: el fantasma del hipster.


Te lo imaginas, ¿verdad? El típico alternativito que va de moderno, que dice no seguir modas y menosprecia todo lo que no gire alrededor de su ego. Se trata de una tribu urbana que ha ido ganando adeptos con el paso del tiempo (muy a nuestro pesar) y que, tal y como apunta David Lagunas, está consiguiendo jugar un papel de primer orden en la ordenación y políticas de ocio en la ciudad tardomoderna.


Primeramente, vamos a identificar qué es eso del movimiento hipster. Muchas son las interpretaciones y, cuanto más peyorativas, seguramente, más de acuerdo estaré con ellas... No obstante, seamos serios manque' sea una mihilla'. Podríamos definir al hipster como ese individuo (quédate con esa concepción) perteneciente al invento capitalista de la "clase media". Esta criatura se presenta en sociedad -siempre desde la lejanía- como un falso inconformista. La tribu urbana, en sus primeros años, no recibía grandes críticas; pues era vista como un movimiento transgresor que se desmarcaba de las lógicas del sentido común (nada más lejos de la realidad como veremos a continuación). Hoy la cosa ha cambiado. Se atisba cierto rechazo hacia este modo de vida.


El hipster vive por y para su imagen social. Se desliga por completo de las dinámicas colectivas y se centra en la (auto)realización del individuo sobrepasando los límites del egoísmo más narcisista. Se enorgullecen de su (falsa) independencia y libre-pensamiento. Lo que parecen (querer) obviar, pobreticos míos, es que no son más que la respuesta mercantil a su fraudulenta contracultura de gafas de pasta. En su lamentable afán por evitar ser etiquetados caen en un absurdo pensamiento líquido inoperante. Ese continuo interés por desclasarse no demuestra más que el privilegio de clase que le permite vivir en la burbuja de lo estético. Jomío', el decir "no me interesa la política" es lo más político que vas a decir en tu vida. Tu pasividad es política.


Presume de la vida en el barrio, pero no sabe ni cómo se llama su vecina a la que el banco no para de enviarle cartas de embargo. Sube fotos por Ciudad Jardín, pero su racismo lo empuja a cambiarse de acera cuando el vecino "que no es de aquí" gira la esquina.


Lo hipster, en definitiva, no es más que una subcultura eminentemente urbana creada a imagen y semejanza del neoliberalismo: individualismo, pasividad, alienación y consumo. Sobre todo consumo. Aquí quería yo llegar. El mercado no es solo un conjunto indescifrable de números en rojo y verde, tampoco son estadísticas, ni señoros trajeados -maletín en mano- comprando y vendiendo acciones de vete tú a saber qué. El mercado no es más que la aplicación de la Economía Política; desde lo "macro" a lo "micro". Bajemos, pues, al barro de lo cotidiano.


El mercado sabe identificar perfectamente cuáles son las necesidades de la sociedad en cada momento y contexto, pero no solo eso. Su carácter hegemónico le lleva a crear nuevas necesidades y, con ello, nuevas identidades; en este caso la de nuestro colega con su café de Starbucks escuchando la música de nicho que ni tú ni yo conocemos porque somos demasiado "mainstream". David Lagunas es claro y certero en este sentido:


El hipster es un producto de la sociedad de consumo, un inconformista estético que acaba por despolitizar el funcionamiento de las sociedades urbanas capitalistas (El hipster como fuerza cultural maligna, Antropología implicada, 2015).

Marx me libre de maniqueísmos, pero, en el momento en el que te desvinculas de la lucha social contrahegemónica -del tipo que sea-, te conviertes en una pieza más de la estructura dominante. Me da igual si ese agente es pasivo o activo. No sé cuál me causa más rechazo. El caso es que el personaje que aquí se trata parece tener clara su trinchera y yo, precisamente, no lo veo a mi lado.


Las ciudades gentrificadas responden perfectamente al modelo de consumo del movimiento hipster. Su individualismo exacerbado entra en conflicto con modelos de vida y habitabilidad amables con las generaciones que han vivido en los barrios céntricos y periféricos. Las comunidades de vecinos/as se reemplazan por Airbnb, las aceras en terrazas y los mercados en Starbucks. Si cogemos todo esto, le añadimos el maltrato de lo público, su buena turistificación y la venta del parque de vivienda al capital extranjero, nos queda un cóctel gentrificador de pvta madre. Es aquí donde el hipster se mueve como pez en el agua o, en su caso, como buitre con carroña.



-Paco-

 
 
 

Comentarios


bottom of page