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A PROPÓSITO DE LA (NO) INDEPENDENCIA DE ANDALUCÍA

  • Foto del escritor: Paco
    Paco
  • 19 sept 2024
  • 3 Min. de lectura

/Abre paraguas/


Las estoy viendo venir, pero allá voy... No me escondo. Quien me conoce sabe que, en su día, fantaseé con la idea de una Andalucía independiente. De hecho, todavía hoy, cuando veo la bandera con la estrella, se esboza una leve sonrisa en mi rostro. Seguramente no por lo que representa en realidad, sino por el trasfondo y el deseo de una Andalucía soberana que se esconde detrás. Ese sentimiento, como no podría ser de otra manera, sigue estando más vivo que nunca.


Que me arranquen el alma si permanezco ajeno al quejío de mi tierra.


Recuerdo cuando estaba en la playa este verano y Eva me preguntó si era independentista. En ese momento no supe qué responder. Estaba más pendiente de darle el último trinque a la Alhambra 1925 mientras me quitaba la arena de los ojos. Y allí, desde la barra de un chiringuito, donde se arregla verdaderamente el mundo, traté de dar(me) una respuesta a una pregunta que ni yo mismo me hacía desde hace mucho tiempo. Reconozco que el primer impulso fue el de soltar un ¡Sí! que se oyera hasta en la casa del señorito más recóndito de toda Andalucía. Luego recordé que soy marxista...


También te digo: el que esté libre de nacionalismo que tire la primera piedra... Ni siquiera el propio Gramsci (ya salió, ¡bingo!), declarado internacionalista en su etapa madura, podría arrojar un pisco a nadie. La cuestión meridional le pegó fuerte en su juventud. No era de extrañar si tenemos en cuenta las influencias de su entorno por aquel entonces y la irremediable comparación con el norte industrializado (¿de qué me suena?). Una ciudad como Turín que, precisamente, sería uno de los mejores ejemplos de la teoría de los Consejos de Fábrica que más tarde desarrollaría.


Volvamos al chiringo. Ya vamos por la segunda ronda y creo que es momento de dar(me) respuesta. Decía que el marxismo me impedía autodeclararme independentista. ¿Por qué? Por una sencilla razón que me costó no pocos disgustos asimilar: declararse independentista en la España de 2024 es, en última instancia, posicionarse con la burguesía.


¿¡Qué cojones!?... Pues sí. Ya te dije que me costó sus fatiguitas asimilar esto. Desear la independencia de Andalucía es desear la división de las fuerzas revolucionarias. Todavía hay quien defiende que esto propiciaría la debilitación del Estado opresor. Esta gente es la misma que tacha de infantilistas a quienes no comulgamos con ese planteamiento. En fin... Como marxista no puedes (ni debes) sumergirte en tu burbuja y desentenderte de todo lo demás. Eso sería pecar del egoísmo más reaccionario posible. Quien se debilita, realmente, es la clase trabajadora y no la burguesía; ésta, siempre unida por unos intereses comunes, estaría encantada viendo cómo el proletariado y el campesinado -especialmente en Andalucía- se autodestruye él solito.


El jornalero andaluz que se levanta a las 5 de la mañana tiene más que ver con la marisquera gallega que con un señorito que haya nacido bajo el manto de la mismísima Virgen del Rocío. La cuestión no es territorial (aunque esta conlleve unas condiciones materiales inherentes), sino de clase. Es por ello por lo que me niego a hacerle el juego a la burguesía reaccionaria que, haciendo uso de las estrategias revolucionarias del siglo XIX, trata de instrumentalizar la rabia y necesidad de la clase obrera para situarse en unos órganos de poder que son los mismos que oprimen al pueblo. Aquí de lo que se trata es de cambiar la estructura, no a quienes lubrican sus engranajes con la sangre obrera y campesina.


Veo cómo quien vende Andalucía al turismo de masas y la sanidad privada se apropia del 4 de diciembre y me hierve la sangre. Veo cómo cierto sector de la maltrecha izquierda andaluza se enfrasca en el folklore y me hierve más aún...


Sea por Andalucía libre

los pueblos

y la Humanidad


-Paco-

 
 
 

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